domingo, 27 de septiembre de 2009

Ollanta y las malas palabras


No hay duda que los medios de información siempre le harán cargamontón a Ollanta Humala. Lo que representa en términos políticos es incómodo para los grandes grupos de poder. Por eso es que esa tendencia se mantendrá, no sólo con el líder del Partido Nacionalista, sino con cualquiera que tenga una postura alternativa.

Pero también es verdad que el propio Humala le da de comer a sus enemigos. En muchas oportunidades, el ex candidato presidencial ha cometido errores que le cuestan titulares en su contra. Enumerarlos sería un harto trabajo.

Por eso es que sólo nos referiremos al último episodio en que Humala ha sido comidilla de la prensa: llamar “cabrones” tanto al ex presidente Alberto Fujimori (actualmente preso por corrupto y asesino) y al actual mandatario Alan García, porque en su momento, en vez de presentarse ante la justicia, prefirieron exiliarse en Japón y Francia, respectivamente.

Esto fue levantado por los diarios y noticieros, aunque rápidamente fue opacado por el caso Allison y sus desconocidos vínculos con BTR. Varios de los columnistas criticaban el vocabulario poco elegante de Humala, al referirse a Fujimori y García.

Humala se justificó diciendo que hizo uso del lenguaje popular, y que mucha gente tiene ese concepto de ambos personajes políticos. Sin embargo, olvida que un líder político, si bien puede compartir conceptos que la población pueda tener, debe evitar ciertas expresiones que pueden ser aprovechadas por sus adversarios.

Es evidente que existe un gran rechazo ante figuras políticas como Fujimori y el mismo presidente García. Y hay justificadas razones, como el autoritarismo y corrupción, en el caso del primero; y el recuerdo del desastroso primer gobierno del segundo, además de sus “perlitas” actuales. Y también es cierto que en las conversaciones privadas, la gente se expresa en términos duros, y hasta groseros, hacia ambos personajes.

Sin embargo, un político que quiere dar la talla no puede expresarse al mismo nivel, con tal de ganarse a la gente. Por el contrario, debe dar la talla en cuanto a lo que significa el liderazgo y la conducción de una nación que dice querer cambiar.

Y de paso, no le da oportunidades a sus rivales políticos, que se lo quieren tumbar.

Víctor Liza Jaramillo

¿Por Qué escribimos?: Explicaciones a una inexplicable locura


Es difícil nombrar los motivos que te llevan a escribir algo ya sea un artículo libre, una noticia, una columna, un cuento, una novela, un poema, un ensayo, una crónica, un libro o cualquier otro escrito. No me refiero a aquellos que uno escribe por “obligación” en la universidad para algún curso, me refiero en cambio a esos escritos que uno hace por simple gusto a placer, por que se le da la gana de hacerlo y cuando hay algún incentivo mejor aun, por ejemplo cuando uno escribe un articulo para una tarea y le gusta lo que esta escribiendo o cuando lo hace en su trabajo y gusta del mismo.

A veces sucede que escribimos algo y nos gusta y queremos exponerlo y publicarlo, pero después se nos ocurre otra idea algo que nos gustaría más escribir y entonces delegamos el artículo anterior para una próxima oportunidad, esto es lo que me acaba de suceder; había escrito un articulo sobre el sexo y la libertad en torno a el, no solo la libertad de opción sexual, que es algo que apoyo, sino una concepción de esto como algo natural, bello y libre y estaba presto a publicar en este blog dicho artículo. Sin embargo cambié de opinión: se me ocurrió hablar de el porque escribimos quienes lo hacemos, porque hemos elegido escribir y no otra cosa como jugar futbol o dirigir películas o dirigir una empresa o hacer operaciones medica, en definitiva planeo exponer porque preferimos este vano oficio sin beneficio antes que cualquier otro que pudiera resultar más fácil o incluso más rentable.

Las motivaciones pueden ser distintas aburrimiento, diversión, desfogue, amor, odio, joder (como dice don Andrés Bedoya Ugarteche), burlarse, trabajar, placer, pasión. El escribir para algunos es un placer negado, aceptémoslo no todos tienen talento para esto, y para otros la cualidad que los hace sentir “superiores” (como a Varguitas Llosa), para unos pocos es una pasión una locura irreverente que no podemos controlar, para otros es la forma de ganarse la vida, yo aspiro a esto último; para otros es una tortura que tienen que sufrir en sus primeros años de estudio, para otros es la única manera que les queda para soltar todo lo que sienten, a veces escribimos mejor de lo que hablamos y nos es más fácil escribir que decir las cosas, otras veces escribimos peor de lo que hablamos, en estos casos es mejor abstenerse del ejercicio escrito. El hecho es que aunque las motivaciones pueden ser muchas el fin es uno solo expresarse, divulgar información que uno posee, sea o no sea de interés para quien recibe el mensaje, es siempre un placer casi orgásmico el hacerlo.

Las razones que llevan elegir una profesión que implica básicamente escribir, como la del periodista o literato, pasan lejos de la razón, la lógica, la búsqueda de dinero o el ser práctico y pragmático, estas razones responden más bien a un gusto por la escritura, la lectura y a informar, también puede responder a necesidades como la necesidad de ser oídos, la necesidad de emitir nuestra voz, la necesidad de estar informados e informar, también a fines más grandes como cambiar el concepto que se tiene del periodismo y la literatura o aportar al cambio y mejoramiento de nuestra sociedad, también puede responder, equívocamente, a querer manipular la opinión pública o mantener engañada a la población – seamos sinceros en este oficio hay de todo -, también puede responder, como en mi caso, a una enorme pasión a algo que no podemos explicar, ni mucho menos contener y que simplemente hacemos para sentirnos vivos para sentirnos satisfechos.

Yo escribo por cinco motivos particulares: Amor a la belleza, pasión, diversión, concientizar de la realidad a los demás y por joder, si ya sé que suena feo pero es real uno también escribe por incomodar y molestar a aquellos que considera equivocados e incorrectos, aun cuando sabemos que quizás ni nos lean y esto no nos importa. Por todo esto escribo yo y ustedes que leen ¿Qué hacen? Y ¿Por qué?

Siempre me gusta terminar un escrito con un pensamiento y este lo aprendí hoy en una película: “Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal”.

Alberto Cárdenas Munt

¿Sexo débil?

Es una noche tranquila en el vecindario. De pronto unos gritos despiertan a los vecinos: se trata de una terrible discusión en la casa de Ana y Luis. Los niños lloran, los insultos y golpes caen sin piedad en el cuerpo de la víctima hasta saciar la frustración y coraje de su pareja. A la mañana siguiente, Luis sale con dirección al trabajo luciendo un par de gafas oscuras para ocultar los moretones. Esta vez, al contrario de muchos otros casos, la víctima fue él.

Es cierto que en la mayoría de los casos de violencia domestica la víctima suele ser la mujer, pero no debemos cerrar los ojos ante una realidad que cada día se hace más evidente. Según Centro de Emergencia Mujer (CEM), tan solo en el 2008 en nuestro más de 5 mil 721 hombres denunciaron abusos físicos y psicológicos por parte de sus parejas a nivel nacional. Sin embargo estas cifras no reflejan la realidad de la violencia de la que son victima los hombres ya que muchos abusados prefieren callar para evitar burlas.

En una sociedad tan machista como la nuestra no es extraño ver a una mujer con algún moretón en el rostro consecuencia del maltrato de su pareja. Sin embargo la cosa cambia cuando, es el hombre el que trata de esconder las huellas de la violencia que sufre en casa. En primera la victima masculina tiene que cargar en silencio con su cruz, ya que si tan solo se enteraran los familiares seria blanco de burlas y criticas. Sin contar con lo que dirán los amigotes.” No seas maricón compadre, un par de bofetadas y listo” aconsejarían los compañeros de trabajo. Otro factor que impide que no denuncien a su agresora es la poca ayuda que puede brindar la policía ante este tipo de casos.

En muchos de los casos denunciados los hombres admiten tener una relación matrimonial enfermiza en la que se vive una dependencia emocional hacia la mujer a tal punto de no poder concebir la vida sin la fémina a la que tanto dicen amar y ser capaces de soportar cualquier tipo de humillación. Estos hombres sufren de autoestima baja, se sienten menospreciados e inseguros. En otros casos estos hombres también dependen económicamente de sus parejas profesionales o se sienten demasiado mayores como para conseguir otra pareja.

Pero estos hombres no solo atraviesan por el maltrato físico. De acuerdo al CEM el año pasado se registraron 3,323 casos de hombres maltratados psicológicamente. Los insultos y humillaciones se hacen más frecuentes a medida que la pareja tenga un temperamento pasivo y tranquilo. Muchas maltratadoras chantajean emocionalmente a sus víctimas con la prohibición de ver a sus hijos.

Lo cierto es que hasta el momento no existe ninguna institución especializada en tratar eficazmente el asunto, o e brindar ayuda legal o psicológica a hombres maltratados, pero no cabe duda que todo tipo de violencia es repudiable no importa quién sea el abusado, lo importante es detener este círculo vicioso levantando la voz y denunciando a los abusadores o abusadoras.

Érika Rado Camacho